Alma.
A Alma, no le interesan los partidos políticos. No sabe lo que representa el pedazo de plástico en forma de bandera que tiene colgando su mamá cerca del pozo. Si es azul, rojo o amarillo la diferencia es inverosímil. Para ella, la vida no está llena de misterios y aventuras. Su día es siempre el mismo: Caminar mucho para traer algo de comida ó esperar que su padre llegue, si es que llega, con algo para cocinar y si no, pues ya será para mañana, porque por hoy tomarán café y galletas. Alma sabe que no es fácil encontrar a su padre durante el día ya que se va rumbo a los pastizales, bien, bien adentro a cortar zacáte o cuidar la milpa y al menos que alguien lo vaya a buscar no sabrán de él hasta la tarde. La madre de Alma a veces llora cuando la noche llega y su padre no regresa, de tan sólo verla a ella le da miedo. Mucho más miedo que cuando oscurece y no se ve nada. A esa hora, sólo se escuchan los grillos y el crujir de la madera cuando la hamaca de su papá se mece.
La muda de ropa que carga puesta la tiene encima desde hace tres días. Su mamá le ha dicho que es para que no se le gaste las otras tres mudas que tiene. Eso sí, todos los días se baña, allá donde está el agua más transparente que ha conocido, la de la orilla del río. Esto le gusta mucho, lo disfruta mientras se ríe ya que los pececillos de la poza le muerden suavemente los pies, ellos como Alma también tienen hambre.
Un día de muchos, en diferentes ocasiones, llega la gente a su casa y pasan los señores sudados y vestidos de rojo y de blanco y de azul regalándole playeras y gorras y lapiceros. Algunos le sonríen otros ni la pelan y tan sólo saludan a su madre y a su padre. Traen música y andan muy contentos, a su casa de palos le ponen estampitas con la cara de un señor sonriente y se van como vinieron.
Alma no lo sabe pero no van lejos, se regresan a la capital, a tan sólo 6 kilómetros de donde está la poza donde se baña Alma. Ahí, hay agua potable, luz en la noche y en el día, comida refrigerada, celulares, teléfonos, médicos, un mundo que ni en los sueños más raros podría imaginar Alma. Ahí viven en el siglo 21 no en el 17. Alma nunca imaginaría que con girar la mano puede salir agua tan transparente como la de la poza, o que exista algo llamado escuela, amigos, libros, juegos y sobretodo desayunos escolares.
Aún así, en su ignorancia, sonríe mientras el extraño le pregunta si le puede tomar una foto. Alma se ríe y se esconde detrás de su madre. El extraño insiste “¿Cómo te llamas?”, Alma contesta: “Alma” mientras el extraño le apunta con una caja color azul y una luz muy fuerte ilumina su rostro. El extraño sonríe y le dice: “Listo! gracias Alma muchas gracias.”

