No quiero hablar de los móviles. Mis preguntas no son “Holmescas”. Yo no sé nada sobre investigar un crimen. Por eso no cuestiono la veracidad de las pruebas. No cuestiono los culpables. No soy un experto y aunque en mi tierra casi todos lo somos, esta vez me resisto a la tentación. Para mí, estas preguntas son inverosímiles. Me concentro en otras más sencillas pero mucho más sustanciosas. No estoy buscando una explicación rápida.
Hoy, en el mundo, hay cuatro vidas menos. Ellos deberían estar aquí contigo y conmigo lector. Ya sabes, disfrutando la aventura de vivir. Mientras pienso esto tengo que salir a la calle porque mi casa parece mucho más amenazadora que el exterior. Camino y no puedo evitar notar que algunos tabasqueños, caminamos con la mirada baja, con los hombros caídos, miramos de reojo al que se nos atraviesa y estoy seguro muchos nos preguntamos. ¿Será que este me va a matar?
Cuando voy de regreso pasó a un parque y nada. El alumbrado apagado, las rejas rotas, las canastas dobladas, las porterías de lado. Ni un solo policía. No hay luz, no hay verde, sólo silencio. Me imagino en algún momento a los asesinos parados en un parque como ese. ¿Qué se preguntaron? ¿Qué esperanzas tenían? ¿Cuáles eran sus sueños? ¿Habrán estado motivados con sus posibilidades?
Mientras trato de elaborar salta a mi pensamiento aquella frase de Pitágoras que dice; “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.” Hoy es contundente. En toda nuestra historia, nunca habíamos estado tan despegados del futuro de nuestros niños y adolescentes como ahora. Si el mundo solamente se mantiene por el aliento de los niños, como reza el Talmud, nosotros los estamos sofocando bajo libertades abusivas. Las nuevas reglas es que no hay reglas. Hemos olvidado por completo nuestra responsabilidad como adultos. Hemos olvidado que formamos parte de una invisible telaraña que conecta todo. Un querido amigo me recordó esto citándome a John Donne cuando dijo “Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo,” ya que todos los seres humanos estamos ligados a la humanidad, somos parte de ella.
Así pues, nosotros somos nuestros propios verdugosy si seguimos eludiendo nuestra importancia como forjadores del mundo los resultados serán catastróficos. Nuestras acciones hoy terminarán por alcanzarnos mañana.
No podemos ni siquiera excluirnos culpando al Gobierno. Nosotros los hemos puesto ahí. En su momento lo hicimos pensando que el voto lo decidiera el más guapo, el más joven, el más popular, el más simpático. Siempre privilegiando estas explicaciones sobre la única razón de peso: el más capaz.
No se trata de asumir costos políticos. Sino de hacernos las preguntas correctas. De tomar acción ante preguntas importantes: ¿Por qué somos el primer lugar en suicidios? ¿Por qué ha crecido el crimen? ¿Por qué estamos solucionando nuestros problemas con cercas más altas y puertas más gruesas? ¿Por qué hemos evadido nuestra responsabilidad con la juventud y sobre todo con la niñez? ¿Cuantos jóvenes más están en esa situación de vida? ¿Donde están sus oportunidades? ¿A razón de que las hemos cambiado? ¿Por cuantas monedas las hemos vendido? ¿Y si no son los asesinos? ¿Y si el Gobierno miente? ¿Que lección le estamos dejando a la juventud? ¿Como nos juzgarán nuestros pequeños? ¿Habremos perdido la capacidad de creer en todo? ¿Por qué seguimos teniendo gobernantes en los que no creemos? ¿Mentira o Verdad, importa? Sólo respondiendo correctamente estos cuestionamientos y dando puntual acción basándonos en las respuestas podremos, finalmente, dejar de preguntarnos ¿Será que este me va a matar?
Recientemente encontre uno de los mejores reportajes de actualidad que la cadena Cuatro(España) ha emitido en los últimos meses. Un trabajo de Jon Sistiaga sobre el negocio de las armas en el corazón de Estados Unidos, en Kentucky, donde es de lo más habitual que los padres regalen a sus hijos lo último y más sofisticado en armas de fuego.
Las periódicas matanzas en institutos o supermercados no asustan a estos padres, que se gastan miles de dólares en estas fechas para comprar a sus niños los caprichos que ven en violentos videojuegos. El fácil acceso a alta tecnología armamentística, conjugado con una ideología radical, da como resultado la proliferación de organizaciones paramilitares de ultraderecha.
“Aquí no necesitamos psiquiatras ni divanes. Aquí tenemos armas automáticas… Eso si es una buena terapia..” Comenta uno de los organizadores del Festival de la Metralleta de Knob Creek, en Kentucky. Un lugar en los EEUU donde niños de cuatro años disparan con las armas automáticas de sus papas y se familiarizan desde muy pronto con el olor a pólvora y la sensación de vaciar un cargador contra algo.
Jon Sistiaga viaja al corazón de la América más profunda, la heredera de la tradición y las esencias del salvaje oeste, para retratar el mundo de los defensores de las armas. El poderoso lobby estadounidense que se niega a que el Gobierno cambie la segunda enmienda de la Constitución, que les garantiza el derecho a poseer armas…
“Los niños tienen que empezar muy jóvenes a disparar”, dicen ante la cámara de Cuatro padres orgullosos de que sus críos manejen ya con soltura revólveres o fusiles. El reportero, que ha visto muchas veces escenas parecidas en Afganistán, en Irak o en Palestina, se queda con la boca abierta al ver que en este lugar, en pleno corazón de EEUU, los niños saben disparar un M-16 o montar y desmontar una UZI israelí. Muchos de estos pequeños han escrito su carta a Santa Claus pidiéndole la última versión del Kalashnikov o un manual de instrucciones de cómo hacer bombas caseras.. Y Santa Claus se lo trae..
“Las armas no matan, matan las personas.. También se puede matar con un martillo..” repiten como un mantra todos los entrevistados… Para esta gente no es relevante que todos los años mueran en EEUU 11.000 personas por arma de fuego. Tres veces la cifra de soldados fallecidos en Irak desde el inicio de la guerra. Aquí lo que les importa es que el precio de las balas ha subido desde entonces un 300%. Para esta gente, las matanzas periódicas que ocurren en Institutos o universidades son solo pequeños accidentes, que se evitarían si en esos lugares hubiera profesores o estudiantes armados que hicieran frente al agresor… Que es ahí donde está el problema, en la falta de defensa, no en la existencia de las armas…
El Festival de la Metralleta se celebra en un idílico condado de Kentucky donde por casualidad, se encuentra el cuartel general del Ku Klux Klan. La organización racista todavía existe y varios de sus miembros hablan sin tapujos para Cuatro en un reportaje que muestra la insensatez y la soberbia de aquellos que piensan con sus armas en lugar de con su cerebro…
Directo desde el email me llega este video donde una reportera de alguna conocida cadena Española de televisión organiza un grupo de pequeños de no más de 5 años de edad para que pinten, sin ningún tipo de ayuda o recomendación, un cuadro utilizando variados colores y nada más que su pueril inspiración.
El resultado es una obra de arte que es introducida en secreto a una muestra internacional donde varios “conocedores” dan su opinión al respecto.
El fotógrafo alemán Jan von Holleben ha demostrado que, a pesar de estar tirado en el suelo, se puede sentir la brisa del aire y el olor de las nubes, y también es posible ver el mundo desde la perspectiva de la imaginación infantil. Tan fácil como recordar de que estaban hechos esos momentos llenos de risas y sueños de antaño. He aquí unas muestras.
En su página hay muchas más imágenes de esta serie de 30.