El Crítico, cualquier parecido es coincidencia.
Mi hermano, Eric, que está trabajando en el Ficco (Festival Internacional de Cine Contemporáneo) me comunicó hoy que hay una oportunidad para participar en el periódico de dicho festival realizando algunos textos sobre las películas que se exhibirán. Lo cuál me obliga a pensar que en caso de ser elegido para la tarea, cualquier parecido con la fantasía es pura realidad.
A petición de él y agradecido por la oportunidad realizo a continuación la crítica, el punto de vista y la reseña de la película “Låt den rätte komma in” (Déjame Entrar) esperando ilustrar la diferencia entre los tres estilos, misma que hasta el día de hoy yo desconocía.
Reseña de “Déjame Entrar” (Låt den rätte komma in) (Let de Right One In) .
Mientras la nieve cae a través de un cielo negro, un niño mira fijamente hacia el patio que se extiende afuera de la ventana de su departamento. Más allá en la distancia, un hombre y una joven adolescente viajan por las calles de la ciudad. Las llantas rompen el hielo y la nieve presurosas de su destino: el mismo edificio de departamentos donde está el niño observando en la ventana. Sus ojos pálidos y azules se iluminan en el cristal y escuchamos que exclama con un tono inexplicablemente amargo, “Grita! Grita como un puerco.” Así, en medio del frío misterioso inicia “Déjame Entrar”, una historia que desafía la fácil clasificación. Basada en la novela de John Ajvide Lindqvist. Ambientada en un invernal Estocolmo de 1982, la cuál nos presenta la relación entre dos adolescentes de 12 años. Oscar, frágil, reprimido y en constante abuso por parte de algunos de sus compañeros de clase. Ve hecho realidad su implícito deseo de tener un amigo cuando conoce a Eli, una niña de su misma edad que acaba de mudarse al departamento de al lado. La recién llegada parece desatar una serie de desapariciones y asesinatos inexplicables. Eli, pálida y seria. No se ve afectada por el clima. No puede entrar a la casa de nadie si no es invitada. Sólo sale de noche, y como cualquier vampiro, tiene una sed natural de sangre que tiene que ser saciada. El choque de estas dos vidas desemboca ansiosamente en eventos determinantes para ambos personajes. Una historia de violencia pasiva y ternura amorosa.
Punto de Vista de “Déjame Entrar” (Låt den rätte komma in) (Let de Right One In).
“Déjame Entrar” está condenada a convertirse en un clásico. El filme, ambientado en Suecia de los ochentas, nos hace olvidar las hermosas imágenes escandinavas de “Heima” que terminan calentando nuestros corazones, para colocarnos en la frialdad de la vida diaria. Donde no hay momentos de escape. No hay personajes malos ni buenos, sino seres que reaccionan como pueden a las situaciones que se les presentan. La película es cruda y real, llena de belleza y ternura, pero sin aspavientos, justo como la cotidianidad. Nos muestra un original retrato de la confusión y angustia adolescente de dos personajes que comparten una característica determinante: son criaturas violentas. Oscar, el chico, por inclinación. Constantemente abusado, busca siempre retribución y venganza que nunca son satisfechas. Eli, la chica, por necesidad. Una vampira que por siempre tendrá doce años, atrapada en limbo de la adolescencia. En constante necesidad y en interminable sufrimiento. La tensión sostenida en la relación entre el insuperable poder del vampirismo y los impotentes sufrimientos de la adolescencia es impactante. La imágenes, que no fallan en evocar siempre un sentimiento, llevan al espectador a la feliz realización de que los protagonistas se complementan de la más oscura de las maneras. En medio de un conflicto lleno y a su vez carente de colores, reacciones y tensión, la película es honesta y por lo tanto termina, al igual que la vida, sin contestar muchas preguntas. Declarando al amor y la amistad como la posibilidad de sonreír en medio del horror del mundo. Aunque finalmente nos haga preguntarnos: ¿Hasta donde estaríamos dispuestos a llegar por conservarlos?
Crítica de “Déjame Entrar” (Låt den rätte komma in) (Let de Right One In).
“Déjame Entrar” es la historia basada en la novela original de John Ajvide Lindqvist que narra la relación entre Oscar un chico de 12 años y Eli, una vampira de la misma edad. La película, para los amantes del género de terror, resulta en momentos pausada. Sin embargo, es esta misma pausa la que da como resultado el efecto de que lo sobrenatural se convierta en normal, banal y vulgarmente humano. El guión no intenta sorprender sino expresar un sentimiento. Las actuaciones son ricas y carentes de la sobreinterpretación de las películas hollywoodenses. El director Tomas Alfredson y el cinematógrafo Hoyte Van Hoytema (A Father’s Music, 2007) realizan un gran trabajo a la hora de vestir de significado la gran mayoría de las escenas donde la composición de sus tomas es impecable. Cada milímetro del cuadro es utilizado, tomando ventaja del balance, proporción, profundidad de campo y primeros planos, los cuales son capaces de, visualmente, evocar una emoción en el público sin necesidad del diálogo. Además de la hermosa fotografía, el diseño de sonido termina por influenciar en gran medida la obra, ya que los sutiles movimientos de los personajes son amplificados. En momentos podemos escuchar hasta los corazones y las gargantas pasando saliva. Aunque el filme apuesta más por lo visual, es a través de estos sonidos intrínsecos como de la música original de Johan Söderqvist, que la historia adquiere, al igual que sus personajes, un sentido crudo de realidad y añoranza. Finalmente, Alfredson logra desdeñar el susto fácil, aplicando un ojo artístico que no sucumbe a la estética y a las modas o tendencias comunes del terror comercial. Permitiendo que el espectador experimente sólo vistazos de los momentos sangrientos. Hecho con el que logra que el público llene los vacíos con su imaginación, resultando esto en momentos más aterradores y más profundos. La obra, ganadora de festivales como Sitges, Fantasia and Tribeca, es ya una obra maestra del cine contemporáneo llena de simbolismo y cuya adaptación plagada de estilo e inteligencia la distingue de todas las de su género.

