Mar

11

Respiraban Acompasados

By pabloeduardo.com

Respiraban acompasados, como quien encuentra lo que andaba buscando. Los ojos de él escudriñaban el techo, mientras trataba de calmar su respiración. Ella, con los ojos cerrados, no pensaba en nada, sentía que su lugar era entre los brazos de Jorge. Al cabo de algunos minutos, después de estar así, calmados y sin decir palabra alguna, en medio del silencio incómodo que existe cuando hay algo que decirse, Martina se levantó de la cama y dejó correr su hermoso cuerpo hacia el baño. Jorge, no dijo palabra alguna, sus ojos habían estado fijos en el techo desde que estuvieran abrazados hace unos cuantos minutos. Los dos llevaban días peleando, pero hoy no. Hoy de común acuerdo habían decidido no hablar sino besarse, tocarse, amarse como tenía semanas no lo había podido hacer. Martina salió del baño y la toalla colgaba de su cabeza hasta uno de sus perfectos pechos. Jorge se la quedó mirando y suspiró pesadamente.
-¿Qué?-expresó ella, mientras se sacudía el cabello.
-¿Cuánto tiempo tenemos?- preguntó Jorge hoscamente.
- Como veinte minutos – contestó mientras se vestía frente al espejo.
Volvió el silencio, no hubo respuesta alguna y durante los siguientes quince minutos ni ella ni Jorge dijeron algo. Sólo la calle, a través de la ventana, a lo lejos, reptaba viva. Eran las dos y media de la tarde. Los dos se siguieron vistiendo, encerrados en sus propias preocupaciones. Sabían que había mucho que aclarar, pero estaban cansados tanto física como emocionalmente. Martina rompió el silencio – Tan siquiera prende la tele ¿no? – exclamó en tono de reclamo. –No, no quiero ver la tele. ¿Te molesta el silencio? El silencio entre dos personas que se quieren no debe de ser incómodo – espetó Jorge mientras terminaba de vestirse. – A mi no me gusta el silencio, nunca me ha gustado el silencio y no me siento incómoda eh! – contestó ella firmemente y golpeó con los pies el piso de madera, del motel que siempre visitaban, para que las botas le calzaran bien. Jorge se levantó y se movió al sillón, mientras decía lo que ella no quería escuchar – tenemos que hablar- dijo y Martina sintió un pequeño escalofrío en el cuerpo, pero lo disimuló muy bien. Caminó hasta el sillón y al sentarse dijo – quiero un helado-.
-Te lo compró cuando salgamos, además no traigo dinero.
-Quien te pidió? –respondió ella sonriendo.
-Pues pídelo, porque me dices a mi.
Jorge había pasado dos intensas semanas desde la última vez que hablaron. A pesar de ser un hombre de 33 años, le había costado mucho adquirir cierta madurez emocional. Es por eso que se sentía tranquilo pero aún y así, el miedo no desaparecía completamente. Martina pidió su helado y colgó el teléfono para inmediatamente levantarse del sillón ir a la ventanilla de servicio y dejar el pago. Regresó y al golpear con sus botas la mesita frente al sillón. Jorge comenzó a hablar.
- Martina, Yo, quiero decirte muchas cosas pero antes te ruego que por los próximos cinco minutos no tratemos de ponernos trampas, ni hagamos juegos. La verdad estoy tan cansado de manipularnos y pelear por tonterías. Sólo quiero que escuches lo que te voy a decir, prometo que es limpio, sin trampas, es claro. – Ella asintió seriamente y Jorge continuó – Si te mentí efectivamente, si estaba saliendo con cuatro mujeres además que tú. El penúltimo mes creo que lo hice más para vengarme de que tú tenías novio, que porque en verdad sintiera la necesidad de estar con otra mujer. Yo estaba muy cómodo con el estilo de vida vacío que llevaba. No tenía porque preocuparme de nada, pero eso ha cambiado y cambió a causa tuya. – Martina entreabrió los ojos un poco, pero no se permitió pensar más. No pudo, Jorge continuó hablando. – En los últimos tres meses tú me has hecho recordar lo bonito que es tener una relación seria con alguien no basada en unos momentos de caricias, sino en llamadas, detalles, tonos, matices, sonrisas, pleitos, vaya! De todo! Y sinceramente, ya no puedo seguir siendo el segundo de nadie. Quiero casarme, quiero tener hijos, quiero la barda de madera blanca con el labrador jugando con mi hija. Quiero eso, nada más me interesa y por un momento pensé que lo había perdido pero lo encontré gracias a ti. Ahora no quiero confundirte, te quiero y te quiero mucho y si me gustas y hoy, hoy pues ya pasó, pero como te digo – Jorge se quedó callado y Martina trató de hablar pero el le pidió que le permitiera ordenar sus ideas – Martina – dijo de nuevo, te quiero, pero tú no eres la mujer de mi vida y sólo puedo quererte más y más como amiga. No quiero que te vayas de mi vida y tampoco quiero seguir escapándome a acostarme contigo cuando a los dos se nos antoje. Necesito buscar lo que quiero, y tú no eres lo que quiero. Eres maravillosa, hermosa, espectacular, pero eres mi amiga, no eres el amor de mi vida y no es el hecho de que tengas que hacer algo, es el hecho de que no me siento completo cuando estoy contigo y engañarte de cualquier otra manera sería algo terrible. Tú ya sabías esto pero quiero pedirte que me ayudes, que me dejes ir como amante y que me dejes ser libre. Déjame buscar a alguien que me complete, que sea solamente mía, que quiera la barda de madera blanca a como yo la deseo, y no quiero ya más que me amenaces, quiero que me acompañes, quiero que en unos años cuando los dos tengamos hijos nos vayamos de picnic y nos llevemos bien y quiero que seas mi madrina de boda y te quiero en mi vida pues! Pero no de la manera que tú desearías. Te ruego no juguemos hoy, te ruego me contestes en serio. Ya tenemos poco tiempo, debes de regresar a tu trabajo y yo al mío, pero te quería decir esto porque no es justo para nadie lo que está pasando.
Martina se quedó mirándolo desde el otro extremo del sofá. Volvió el silencio, amigo de los dos, a cubrir el cuarto. – Yo también te quiero – dijo Martina abriendo sus enormes ojos negros – y te quiero mucho. Tienes razón, te mereces algo mejor y si te tengo que dejar ir o presentar amigas o lo que sea para que seas feliz, lo haré. Ya no te preocupes, ya entendí. Ya no más pleitos, ya no más juegos, no más reclamos, prometo ser fielmente tu amiga y quererte tanto como tú hasta la fecha. – Expresó mientras se acercaba a darle un tierno beso.-Vámonos, es hora de trabajar.- agregó ella mientras él se levantaba del sillón.
-Y tú helado? – preguntó Martina.
-Me compras uno afuera. – contestó ella sonriendo mientras se abrazaban como si tuviera meses que no se veían.

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