Documentales aceptables
El primer documental que vi con verdadero interés fue Bowling for Columbine. Desde ese momento a la fecha quede enamorado de este genero fílmico. Ver un documental a diferencia de ver una producción hollywoodense, es como leer a Nietzche en vez de Dumas. Esto por supuesto, suponiendo que es un material pensado y de calidad. Si es así, la realidad te golpea y te golpea fuerte.
A la evocadora pieza de Moore que analiza la afición de los Estados Unidos por las armas y su impacto en la juventud le siguió “Supersizeme”. Que es una fuerte verdad para aquellos que viven en base a comida chatarra. La trama: Un hombre en sus tardíos treintas, come durante treinta días solamente comida de Mcdonalds. El resultado es devastador.

A “Supersizeme” le siguió Farenheit 911, que al igual de “Bowling for columbine”, es de Michael Moore. Siendo por esta obra, por la cuál le otorgaron el Oscar por mejor documental. Farenheit es incisiva, temeraria y despiadada con George Bush. Muchos aseguran que fue esta la película que marco el conclave de Bush entre ser un mal presidente y convertirse en el idiota más grande del planeta.

Pero, en todos estos años de ver documentales, no había encontrado algo realmente bueno con el tradicional sello “Hecho en México”. Claro han habido cosas grandiosas ultimamente, por ejemplo JC Chavez de Diego Luna que a pesar de una edición que te deja al final desamparado, con un sentimiento escondido entre los dos pulmones, es un buen intento para hacer un documental lo suficientemente realista pero también comercial como para que lo vaya a ver el pueblo mexicano.

Este sabado pasado, sin tener mucho por hacer y teniendo un monton de pendientes, me arrastre al blockbuster mas cercano y rente la película que meses antes había estado promocionando Olallo Rubio.
A Olallo lo conocí en el ITESM, en una conferencia parte de una semana de cultura que le había tocado organizar a mi querida fraternidad “El Arca”. Olallo, un tipo desenfadado, sucio, desmadroso, pseudohipioso y muy pero muy irreverente. Puntilloso, puntual e inteligente, dejó una muy buena impresión en mi. Años y mails después me enteré que tenía su podcast y me hice asiduo podescucha. Desde entonces, he disfrutado mucho su humor, irreverencia y estilo (muy parecido al de radioactivo donde empezó sus pininos justo antes de que este desapareciera).
Su opera prima es un documental que cumple con ese algo, como para que valga la pensa verlo. Su meta es cuestionar si realmente somos mercancía, cómo percibe el dinero y lo material un mexicano y un estadunidense, qué tanta conciencia hay de esta influencia de EU al ser el vecino geográfico tercermundista más próximo y obviamente de cómo las decisiones importantes de trascendencia política, social y económica de nuestro país se toman desde Estados Unidos… la elección del presidente Felipe Calderón es el ejemplo más claro, y es que en México se consume principalmente mucha chatarra por la tropicalización de productos gringos al volverlos latinos. Por ejemplo, algo de lo que habla en el documental es que en la televisión de nuestro país no sale gente morena, a menos que sean deportistas, cuando en el país somos morenos; además anuncian productos para aclarar el tono de piel, eso se me hace muy delicado. Otro detalle que aborda el documental es la influencia de los medios, de cómo fomentan el racismo incluso hacia tu propia persona, porque al valorar lo material aprendemos a despreciarnos a nosotros; el punto es ese: estamos obsesionados con lo material, como los gringos, y no queremos aceptar la influencia de Estados Unidos.
Y tu cuanto cuestas? vale la pena. Vale la renta y en una de esas hasta la compra.
Finalmente, les recomiendo los dos últimos documentales que he visto, el primero ya le hecho la mano a Al Gore (Ex vicepresidente de los estados unidos) para ganar el premio nobel de la paz y se llama Una verdad inconveniente.

El segundo, “Sicko” (enfermo), muestra la triste situación del servicio médico gratuito en los estados unidos. Tan triste que hasta parece que estan hablando de México.

Hasta la próxima, saludos… Pablo Eduardo Ibáñez López.






















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